El pasado enero una turba atacó a la población gitana de Selendi, que había residido allí durante décadas trabajando en los cultivos de tabaco. Parece que todo empezó con una discusión en una cafetería sobre fumar y terminó transformándose en un gran progromo que parecía haber sido apoyado por el gobernador. La turba, que incluía a vecinos turcos de los gitanos, prendió fuego a las casas de las que las mujeres y los niños pudieron escapar por los pelos. También ardieron los coches. Al principio los gitanos se condujo a todos los gitanos juntos a la comisaría de policía para que los protegieran. Según algunas fuentes, el gobernador les pidió que escribiesen en un papel “Me voy por voluntad propia” y lo firmasen. Un gitano cuenta que aquel les dijo “Así es como podréis salvar vuestras vidas”. Algunos de ellos no sabían leer ni escribir, así que simplemente pusieron una equis en una hoja en blanco. La mayoría de los gitanos entrevistados dijeron que no volverían nunca. Nadie podría garantizar la seguridad de sus hijos.

Las buenas noticias es que ya han sido acusadas ochenta personas por este incidente, algunas de ellas identificadas gracias a cámaras de seguridad. Los cargos por los que se les acusa son de “incitación al odio y la enemistad” y “desprecio” por “odio racista”. El ministerio fiscal pide condenas de entre tres y ciento cincuenta años de cárcel (la noticia en turco aquí, en inglés aquí). Espero que les caiga todo el peso de la ley.

Si recordáis mi entrada sobre el terrible incidente de Selendi en el momento en que tuvo lugar (aquí, junto con un vídeo del incidente), os daréis cuenta de que no es un incidente aislado. Otros ataques contra colectivos con étnica o ideológicamente distintos estaban teniendo lugar por todo el país.

Penas severas deben de ser administradas de una forma consecuente para evitar que esta cultura del linchamiento se extienda. El reciente ataque a los patrocinadores de la galería de arte de Beyoglu es otro ejemplo de la imposición de los prejuicios de la comunidad a través de la violencia, que de alguna manera se está normalizando, casi como si las comunidades hubieran revivido la antigua costumbre del kaba dayı – un “peso pesado” del barrio que obligaría a cumplir las normas comunales, a navajazos si fuera necesario. La gente tiene derecho a tener prejuicios (aunque desearía que no fuera así), pero no está bien que obliguen a los que coexisten con ellos a seguir sus normas exclusivistas. Y desde luego que no está bien dar palizas a la gente o tratar de lincharla simplemente porque son diferentes, ni quemar sus casas ni amenazar a sus familias.

ACTUALIZACIÓN: Según la acusación, el asaltó comenzó el 5 de enero alrededor de las 8 de la tarde, cuando un gran grupo de personas fueron al barrio gitano de Selendi. La cámara graba secuencias en el que algunos participantes en los disturbios que dicen cosas como “O ser marchan o haremos lo que hay que hacer”, “Selendi es nuestro distrito y siempre será nuestro”, “Losg gitanos deberían de marcharse de aquí, “Atáquemosles y exiliemosles”, “Insultan a nuestras mezquitas, a nuestras creencias, nuestas mujeres e hijas”, “No queremos que vivan aquí”, “Matémoslos”, “Quememos sus casas”, “No dejaremos a esta gente vivir aquí”, “Roban y nos molestan”.

Foto de Radikal

Las malas noticias es que muchos de los gitanos de Selendi están ahora sin hogar, sin acceso a servicios gubernamentales o a la educación. Las 21 familias están dispersas, algunos viven con sus parientes y otros en tiendas (aquí en turco).

Últimamente no he tenido mucho tiempo para seguir las noticias de Turquía por internet, pero siempre que he tenido un rato le he estado echando un vistazo al blog de Jenny White, una antropóloga y novelista norteamericana de origen alemán cuyo trabajo “Islamist mobilization in Turkey” me pareció simplemente fantástico y cuya lectura recomiendo (fue el gran descubrimiento del curso 2009-2010). Se dedica sobre todo a temas relacionados con Turquía, en concreto el Islam político, las minorías y cuestiones de género, y ello se refleja en su blog, que creo que es una referencia para todos aquellos que estamos interesados en este aspecto del país.

He querido compartir la traducción de esta entrada (podéis leer el original aquí) porque creo que es un tema muy de actualidad, no sólo en Turquía sino también en toda Europa. La fobia hacia las minorías es algo que siempre existe de forma latente en las sociedades y que se acentúa y manifiesta en épocas de crisis económica (y muchas veces alentada por los gobiernos que se aprovechan de los miedos y prejuicios de la gente). Ahora es quizá el momento en que deberíamos de reflexionar sobre ello.