Traducción de un artículo original en turco que podéis encontrar en la siguiente dirección web: http://bianet.org/biamag/kadin/123109-4-sinif-vatandaslik-turkiye-de-kurt-iran-da-turk-kadini-olmak


Ciudadanas de 4ª clase: ser kurda en Turquía, ser turca en Irán.

Si los estados creados por la diplomacia y la política dejeasen a un lado las identidades inventadas, sería fácil de apreciar que los mujeres que son parte de minorías oprimidas y de un género oprimido viven experiencias muy similares. En este sentido, por muy diferentes que sean las lenguas y por muy afiladas que sean las fronteras, el dolor es el mismo.

Sevda ZENJANLI

sevda.zenjanli@yahoo.com

İstanbul – BİA Haber Merkezi
03 julio 2010, Sábado

Sin duda, uno de los movimientos feministas más fuertes de Oriente Próximo es el de Irán. Al hablar del movimiento feminista de Irán, lo primero que nos viene a la mente es una de las campañas llevada a cabo bajo el nombre de “1 millón de firmas por la igualdad”, una recogida de firmas que pretendía pedir un cambio en las leyes de la Constitución de la República Islámica referente a aquellas leyes que contuvieran discriminación hacia las mujeres en temas como el matrimonio, el divorcio, el derecho a herencia, la representación política o la responsabilidad criminal.

Muchas de las activistas feministas que trabajaron en esta campaña fueron arrestadas y algunas (como por ejemplo la periodista Shiva Nazar Ahari o la estudiante universitaria Bahare Hedayat) siguen bajo custodia. El marco de la campaña ha permitido que haya un mayor entendimiento entre mujeres de diferentes ciudades y clases sociales y, en concreto, crea una mayor conciencia entre la juventud universitaria.

En Irán también “una única lengua – una única nación”

Aunque en el movimiento de Irán este es un tema poco tratado, en este país las mujeres pertenecientes a minorías oprimidas encuentran en su vida más problemas y una presión extra.

Más de la mitad de la población de Irán no es persa, sino que está constituída por otros grupos étnicos como turcos azeríes, kurdos, baluchíes, turcomanos, árabes, entre otros. Pero a partir de que en 1925 Reza Shah instaurase la dinastía Pahlavi, se siguió una política de “una única lengua – una única nación” en la que sólo se tenía derecho a expresar la identidad nacional persa. Después de la revolución islámica de 1979, uniéndose a a estas políticas, está la discriminación por causa de género, que hace que una mujere azerí, kurda o árabe pase de ser ciudadana de 2ª clase a ciudadana de 4ª clase.

Desde el comienzo de sus vidas, al no tener estas mujeres derecho a educarse en su lengua materna, se complica mucho más el tener éxito en los estudios y el poder participar en la vida social. En las zonas rurales hay muchas mujeres que no saben persa y por lo tanto están “desconectadas del mundo”, que dependen completamente de su marido e hijos que sí saben el idioma. Los problemas por los que pasan estas mujeres en su rol de madres son así de dolorosas: Al estar prohibidos los nombres que no sean persas o árabes (por ejemplo, no se puede poner a una niña el nombre “Güneş”, que en turco significa “Sol”) y la imposibilidad del niño de educarse y desarrollarse en su idioma materno crea un abismo inevitable en la relación madre-hijo; y, lo más importante, es que siendo madres son testigos de cómo el estado que suprime las identidades nacionales tortura y ejerce presión sobre la generación joven que se rebela:

En 2006, mientras escribía en una pared eslóganes en turco azerí que decían “Grito que soy turca” y “Mi lengua materna es el turco” (los azeríes de Irán no se llaman a sí mismo “azeríes” sino “turcos”), fue arrestada y golpeada en la celda a la que se la lleva, colgada del techo por los pies durante 24 horas, hambrienta y sedienta, fue torturada una niña de 14 años, cuya experiencia creo es suficiente testimonio. M.R.E. fue condenada el año pasado a un total de 15 meses de prisión y por esta razón ha dejado su educación a medio terminar. (1)

En Turquía hay las mismas tragedias, pero con diferente identidad.

Como conocen de cerca los activistas por los derechos humanos en Turquía, a este lado de la frontera se viven desde hace muchos años las mismas penas, pero con una identidad diferente. Los problemas que surgen de la prohibición de la lengua materna en el campo de la educación, la vida social, la participación política, y de la prohibición de ciertos nombres (recordemos a la niña de 7 años Welat Dağ que debido a su nombre kurdo no obtuvo el permiso de entrada a Turquía) (2) también son aplicables a las mujeres kurdas en Turquía.

Quizá aquí la única diferencia es que el clima de guerra civil continua desde hace 25 años hace que las condiciones de vida sean más penosas que las de sus compañeras iraníes. En la actualidad hay muchos jóvenes de entre 9 y 18 años que están encerrados en cárceles turcas por el cargo de “tirar piedras a los pánzers de la policía”, sin ninguna “prueba tangible” aparte de estar sudorosos o de que su corazón latiera deprisa.

Los castigos que se quieren para estos niños a veces son de mayor duración que sus vidas: se pide para algunos de ellos penas de cárcel de 20, 30 e incluso 90 años. Por ejemplo para R.A.K. de 16 años se piden 66 años de prisión. A B. de 15 años se le condenó primeramente a 14 años de cárcel que más tarde se quedaron en 8. Es decir, que B. ingresará en prisión con 15 años y saldrá con 23…

Me imagino que este es el significado detrás de las declaraciones del primer ministro “sea niño o sea mujer se hará lo que haya que hacer” (3). Al oír mentar a los niños kurdos es imposible no recordar a Ceylan Önkol, que perdió la vida el año pasado en Lice: Mientras cuidaba de sus animales en la aldea, un proyectil lanzado por un soldado desde el cuartel destrozó por completo el cuerpo de Ceylan que contaba con sólo 13 años, y que cuando salía de casa le dijo a su madre “Prepara hoy macarrones, los comeré cuando vuelva”, qué pena que esta fuera su última conversación…

A causa de que el fiscal no fue al sitio del suceso, poniendo por excusa que no es una zona segura, la madre de la niña, tras recoger los restos mortales de su hija, se vio obligada a llevarlos a la policía. “Abrí mi chaqueta. Sus entrañas e intestinos estaban allí. Recogí todos los restos con mis propias manos y coloqué los trozos de sus órganos en mi falda” .Y pregunta: “¿Cuál era el crimen de mi hija? ¿Por qué nadie ha compartido nuestro dolor? ¿Acaso somos ciudadanos de segunda clase?” (4).

Al final, las intrusiones en los derechos de las mujeres con el pretexto del “honor” se han convertido en esta región en la norma, al convertirse el chovinismo en un importante factor y entrar también en juego la violencia estatal, este tipo de historias trágicas pueden convertirse en parte de la vida diaria. Si los estados creados por la diplomacia y la política dejasen a  un lado las identidades inventadas, sería fácil de apreciar que los mujeres que son parte de minorías oprimidas y de un género oprimido viven experiencias  muy similares. En este sentido, por muy diferentes que sean las lenguas y por muy afiladas que sean las fronteras, el dolor es el mismo. (SZ/TK)

(1) Noticia relacionada con M.R.A. (actualización: parece que el enlace está roto)

(2) Sobre la niña que no pudo entrar en Turquía por llamarse Welat (en turco).

(3) Sea niño o sea mujer se hará lo que haga falta. (en turco)

(4) La madre de Ceylan: “Primero hubo un ruido  extraño…” (en turco); Sobre Ceylan (en turco)