Estos días en Turquía se ha discutido mucho sobre por qué el premio Nobel de literatura Orhan Pamuk, conocido crítico del gobierno, no estaba “dando la cara” durante las protestas de Gezi Park que se han ido convirtiendo en multitudinarias manifestaciones que canalizan el malestar de una parte importante de la población.

Aquí traduzco su escrito, que he tomado de la versión online de Gazete Vatana a día 5 de junio de 2013 y que podéis leer en su original turco aquí.

El gobierno de Erdoğan es autoritario y opresor.

 

Orhan Pamuk

Orhan Pamuk

Para entender cómo empezó lo que está pasando en Estambul y  a los valientes que ahogándose con gas pimienta se envenenan y se enfrentan a la policía empezaré por una historia personal. En mi libro de recuerdos titulado “Estambul”, escribí que hace tiempo mi familia vivía en los pisos del bloque Pamuk que se encuentra en Nişantaşı. En frente de este bloque había un castaño de 50 años de edad, y que gracias a Dios sigue estando allí. Lo cierto es que en el año 1957, un día y para ensanchar la calle que pasaba por enfrente de nuestra casa el ayuntamiento decidió talar este árbol. Los orgullosos burócratas y el gobierno autoritario no se tomaron muy en serio la oposición que mostró el barrio. De esta forma, mi tío, mi padre, y toda la familia salimos a la calle e hicimos guardia al lado del árbol durante toda la noche. Esto protegió a nuestro castaño, y se convirtió en un recuerdo que nos unió y que a la familia le encanta recordar con frecuencia.

La plaza de Taksim es el castaño de Estambul, y debe de ser protegido. Hace sesenta años que vivo en Estambul, y no puedo ni imaginarme a nadie que viva en esta ciudad y no tenga ningún recuerdo relacionado con Taksim. En medio del antiguo cuartel de artellería que se quiere ahora convertir en un centro comercial había en los años 30 un estadio pequeño de fútbol en el que se jugaban partidos oficiales. En los 40 y 50 el famoso casino Taksim, centro de la vida nocturna de la época, estaba ubicado en una esquina del parque. Después se derribaron todos los edificios, se talaron los árboles, se plantaron unos nuevos, y en un lado del parque  se abrieron una serie de locales y la galería de arte más famosa de Estambul. En los 60 soñaba con inaugurar mi propia exhibición cuando fuera pintor. En los 70 era un lugar en el que los sindicatos de trabajadores de izquierdas y la organizaciones no gubernamentales celebraban con emoción el primero de mayo, y durante una época yo también participé en estas celebraciones. (En 1977 murieron 42 personas en un tumulto). En mis años de juventud solía participar y observar con curiosidad todo tipo de mítines de cualquier grupo político, ya sea de derechas, izquierdas, nacionalista, conservador, socialista o social-demócrata.

El gobierno prohibió el pasado 1 de mayo cualquier tipo de manifestación en la plaza. Por otro lado, y como saben todos los Estambulitas, el cuartel de artillería, el único espacio verde del centro de la ciudad, se iba a convertir en un centro comercial. Que los grandes cambios en esta zona que guarda los recuerdos de millones de personas y en el parque que está justo detrás lleguen a ser planificados sin contar con los ciudadanos de Estambul y a que se talen árboles deprisa y corriendo es un gran error del gobierno de Erdoğan. Sin duda, esta indiferencia política radica en la con el tiempo creciente actitud opresora y autoritaria del gobierno.  Ver que los Estambulitas no van a dejar que les arrebaten fácilmente ni sus recuerdos ni su derecho de llevar a cabo manifestaciones políticas en Taksim me da esperanza y confianza en el futuro.