Mientras decido que libros me llevo y cuáles no, qué ropa dejo y cuál me llevo, qué objetos meto en cajas con la esperanza de recogerlos algún día y mientras mi tesis sigue sin escribirse estando los artículos que me quedan por leer desparramados aún por la mesa, ahora que parece haber llegado la hora del adiós definitivo a tierras turcas pongo en una balanza qué es lo que he aprendido y qué es lo que me queda por mejorar o aprender.

Empecé a escribir este blog estando aún en España, y me recuerdo todavía mirando cada dos minutos palabras en el diccionario o teniendo problemas descifrando la gramática de alguna frase. Viendo series turcas sin poderlas entender completamente, a veces perdiéndome con el vocabulario, otras con el contexto cultural que todavía me faltaba por comprender. Miraba a los pocos libros que me había traído y me costaba tanto leerlos que acaba por dejarlos en una esquina con frustración. Quizá no elegí los títulos adecuados – desde luego Cemile de Orhan Kemal no es una lectura adecuada para el nivel que tenía en aquel entonces, pero esto lo sé ahora – ni tuve la paciencia que debería de haber tenido, dejando a medias artículos de periódico en cuanto veía que no me enteraba de nada.

Y me preguntaba si valía la pena todo el esfuerzo, si alguna vez dominaría este idioma, en definitiva, no sentía que avanzase. Leyendo otros blogs, páginas de FB y por las preguntas que recibo al correo me doy cuenta de que no soy la única que se ha visto en esta situación. Supongo que los todos los estudiantes de idiomas tienen días que se sienten así, y más si son lenguas de aprendizaje menos común y tan distintas del castellano, es decir, de esos idiomas que todo el mundo te pregunta “¿Y eso para qué sirve? ¿Por qué no aprendes alemán/chino?”.

Cuando se llega a ese punto en el que los materiales de aprendizaje escasean, no se tiene oportunidad de ir a clase y además en la vida personal de uno se juntan muchas otras cosas, muchas veces lo que ocurre es que se abandona el idioma elegido. Abandonarlo es la opción fácil, y aunque a veces es la opción que creemos querer tomar, lo que no queremos es enfrentarnos a la dificultad de la tarea.

Para aprender un idioma no hace falta ir a clase ni un profesor, hace falta tener materiales, ganas, dedicarle tiempo, y crear un hábito de estudio. Si esa es la excusa que te has puesto, no se sostiene, porque un profesor lo que hace es guiarte en el aprendizaje, pero el trabajo duro lo haces tú en tu casa. Tampoco se sostiene el “es que cuando hablo no me entienden” o “es que no sé si lo voy a entender”, tienes que esforzarte hasta que te entienden y esforzarte por hacerte entender. Si no bajas a la calle e intentas hacer la compra, o a comprarte una tarjeta sim, o buscar donde está el fontanero y explicarle que se ha roto el grifo por miedo a equivocarte o vergüenza de hacer el ridículo, nunca vas a avanzar. La primera vez que compré sábanas aquí empecé con un gran “No entiendo turco” (Ben Türkçe anlamıyorum) para que la dependienta no me hiciera preguntas complicadas, y me tuve que expresar de la siguiente manera “Ben çarşaf istiyorum. Bir kişi. Küçük yatak.” (Quiero sábana. Una persona. Cama pequeña) porque mi turco no daba para más. Pero compré mi juego de sábanas para cama de 90 que todavía sigue en casa, y del que me da pena desprenderme – fue mi primera compra 100% en turco. Hacerse entender no es tan difícil y en algún momento hay que perder la vergüenza. Ahora si voy le puedo explicar al vendedor de qué medida las quiero, y en qué color, y si quiero funda para cojín o no.

Es importante también plantear metas reales. Si tu meta es hablar x idioma con fluidez en, digamos, seis meses, lo mejor es que te tires de la moto. En medio año con mucho trabajo puedes llegar a tener un buen nivel, manejar la gramática básica y un tener un buen vocabulario, y avanzar muchísimo pero no hablarás ni escribirás con fluidez. Como te has propuesto hacerlo en seis meses pero no has podido, lo darás por imposible, o te frustrarás. Porque además siempre hay algún fulano por internet que dice haber aprendido japonés en 6 meses (que en cuanto rascas un poquito ves que no es verdad, pero eso claro tú de momento no lo sabes). Plantearse metas realistas es el primer paso hacia el éxito, y aprender un idioma es una tarea larga y laboriosa. Si te paras a pensar, seguramente todavía de vez en cuando aprendes palabras nuevas en tu lengua materna, y la llevas hablando desde que eras poco más que un bebé.

Con las facilidades que nos da hoy en día internet, tenemos la posibilidad de acceder a páginas web de aprendizaje de idiomas o contactar con hablantes nativos de la lengua que estamos aprendiendo dispuestos a responder nuestras preguntas y ayudarnos. Además, gracias también a internet, podemos accedes a un montón de contenidos audiovisuales a los que de otra forma no tendríamos acceso, como películas, series, portales de noticias o entretenimiento… Hay que saber utilizar la red como una herramienta.

Miro hacia atrás, y veo como hace apenas 3 años con lo mucho que me costaba hablar en turco conseguí hacer un grupo de amigos, ir a la facultad, integrarme, resolver mis problemas cotidianos y muchas más cosas gracias al trabajo personal que realicé y a perder la vergüenza del miedo a equivocarme. Todavía me faltan muchas cosas por aprender, cada vez que leo una novela aparecen expresiones y palabras que desconocía, o veo nuevas formas de decir lo mismo. Cuando veo una película o serie tengo la oportunidad de aprender más detalles sobre las frases hechas, giros coloquiales y normas de comportamiento. Quedo con mis amigos, y si a lo mejor no aprendo nada relacionado con el idioma, sí aprendo cosas relacionadas con la cultura del país o con su forma de ver el mundo. Y todo ello con la tranquilidad de saber que si me equivoco no pasa nada (todavía, que yo sepa, no se ha muerto nadie porque yo haya cometido un error gramatical), y de que no tengo prisa, sino que lo importante es ir paso a paso y ser constante.